domingo, mayo 2

Cuando me di cuenta de las cosas asumi mis errores, respire profundo y te vi.
Era extraño, no solia mirar al lado, ni hacia atrás, solo al frente y a lo lejos, todas las cosas así, esa perspectiva parecian perfectas. Más no tú.

Tu eras un mar de miedos, una orilla calma en una tormentosa noche oscura, estabas seca bajo tu techo, pero aislada; mirabas con ojos de pregunta atravesado por rayos de rabia, a veces, solo a veces senti miedo de acercarme, eras tan fuerte en apariencia, tan alta para este mundo y tan distante a mis preguntas, que te juro, senti panico, de que mis palabras no se elevaran a tus oidos, que mi mirada se quemara en la tuya o de no tener la respuesta adecuada a tu pregunta inconclusa.

Pero recorde que no eras perfecta.

Recorde que a veces la mirada de miedo la tiene tambien quien mas que miedoso es alguien que ha sufrido, que ese odio no es solo del tirano, si no también del cautivo, y así recorde el por qué tenia dos brazos y un hombro mullido a mi lado izquierdo, para abrazarla y hacerle descansar su cabeza de los problemas, de esas penas añejas y sin glorias, de los excesos no cometidos.

Y ahora, cuando veo a los lejos el futuro, mi mirada se detiene en el presente, no me deja ir más alla, se queda contemplando a esa chica que fotografia la vida y resiste el oleaje, seca bajo un toldo roto, con sueños a medias y a quien espero poder invitar a mi orilla tormentosa del mundo.